sensibilidad

Por nuestra experiencia despertar la sensibilidad del cuerpo es básico para ir recuperando nuestra capacidad de percepción directa interna y externa, lo que nos permite guiarnos en la vida con recursos más amplios y adecuados de los que posee la mente separada desde la que solemos funcionar. Sin embargo, esta capacidad natural de sentir ha sido distorsionada y cuando la recuperamos encontramos un mar de contradicciones internas, tanto con respecto a la propia mente como entre sensaciones, emociones y sentimientos internos contradictorios entre sí. Es como si el despertar del cuerpo y su sensibilidad abriera una caja de pandora de confusión más que clarificarnos. Debemos decir que esta complejidad es inevitable en un primer momento del proceso y que el camino de crear coherencia entre cuerpo, mente y corazón es un proceso de vida, a nuestro entender tan largo como necesario, hacia reconectar con nuestra humanidad perdida.

Por un lado, el simple despertar de esta sensibilidad va permitiendo la comunicación entre los distintos aspectos de uno mismo, y este diálogo interno va produciendo, experiencia tras experiencia, toma de conciencia tras toma de conciencia, una ligazón interna que poco a poco logra integración y reunificación, tanto entre el sentir y el pensar como entre pensamiento y acción.

Sin embargo, por otro lado sentimos que sólo recuperando la memoria colectiva que hay inscrita en los cuerpos y las conciencias, es decir sólo a través de la comprensión que puede proporcionar una aproximación profunda a la historia de la sensibilidad, podemos empezar a distinguir y a distinguirnos internamente de aquellas emociones y aquellas ideas sobre la vida impuestas a sangre y fuego por el estado. Es sobre todo durante la historia del origen de la sociedad capitalista, desde el final de la edad media hasta nuestros días, que se ha ido construyendo una imagen de ser humano partida en pedazos: cuerpo, mente y alma. Este proceso de división interna humano es el resultado de un largo y generalizado proceso de imposición de formas de vivir, pensar y sentir a través de violencias e ideologías bien precisas.